«Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes»
Charles Dickens
Ayer descubrí que Dickens llegó a pensar eso, sin embargo desconozco si llevó a cabo tal «grandeza». Soy optimista y quiero pensar que sí. Muchos al leer esas frases ratifican su pensamiento; lástima que lo acaben olvidando cuatro segundos después. Posiblemente sean del primer grupo, pero eso no quita que sean “buenas” personas, ni mucho menos. Claro que, a la manera de entenderlo de nuestra sociedad.
Personalmente, creo que llevo unos tres años trabajando en ello sobre mí mismo. En lo segundo, claro. Y cada año que pasa se produce de manera más natural, tanto que actualmente me parece que ya no hay marcha atrás. Por supuesto, esto conlleva unas ventajas y unos inconvenientes. Las ventajas: todas. Si bien existe un placer en el vanaglorio propio ―que ciertamente lo hay―, con ayudar a otra persona sin ninguna razón aparente, simplemente por el hecho de intentar mejorar al otro, se obtiene una satisfacción infinitamente superior a la primera, y ya no sólo en cantidad, sino más bien en sutileza: ésta se encuentra en un plano totalmente humano y genuino que nada tiene que ver con la vanidad que aquélla lleva implícita. Además, ese sosiego que se obtiene al saber que actúas bien es muy duradero, muchísimo, a diferencia que con la otra actitud, que apenas dura unos instantes y cada vez necesitas más y en mayor cantidad.
Sin embargo existen algunos inconvenientes. Hoy día actuar así es más bien extraño y chocante, es más, según con qué persona trates no obtendrás gratitud alguna e incluso puede que intenten tomarte el pelo confiados de tu gran amabilidad. Pero eso lo sabes desde el primer momento; no existe margen de ser engañado: los engañados son ellos. Es curioso a veces ver como hay personas que desconfían absolutamente de esta actitud que debería ser normal, tanto es así, que optan por rechazarlas por tratarse de algo demasiado “singular”. Otro hecho que se produce es que por lo normal no existe una reciprocidad, aunque tampoco debería esperarse. Por mucho que intentes apoyar a alguien, éste nunca te devolverá equitativamente lo mismo. Pero no hay que preocuparse: si uno ya actúa de esta forma, no debe pensar en si le será devuelto o no tal ayuda o interés.
Y me pregunto por qué hay tan poca gente que actúe con humanidad. Supongo que por la sociedad, que todo lo rige. Parece ser que cuando dejas de “enriquecerte” en cualquiera de sus sentidos, estás desaprovechando el tiempo, y si encima ayudas a otra persona, además, parece que estés alimentando a un potencial “enemigo” o “rival”. Grave problema. La mayoría tiene una idea corrupta sobre el significado progresar o aprovechar el tiempo.
Bueno, tampoco quiero hablar demasiado sobre el tema. Hay poco que hablar y mucho que hacer. Quizá escriba hoy sobre ello no sólo por sorprenderme con las palabras del escritor inglés, sino porque esta semana, a mi parecer, he creído hacer dos grandes acciones hacia ciertas personas. De esas que no esperas que NADIE las haga contigo y que, además, te cambian la vida para bien, sin importar el esfuerzo que me haya llegado a costar o no. Y no espero nada a cambio, ni mucho menos. Pero si al menos que intenten valorarlo de alguna manera. No puedes esperar que los demás se interesen por ti, pero tampoco tengo ganas de tener a mi alrededor a gente que ni siquiera sepa agradecer e intente determinar el valor de las cosas. No exijo tanto.